

Título original: La dolce vita
Año: 1960
País: Italia
Duración: 175 minutos
Reparto: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée
Director: Federico Fellini
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano
Producción: Pathé, Riama Film, Gray-Film
Fuente Filmaffinity
Marcello Rubini es un desencantado periodista romano, en busca de celebridades, que se mueve con insatisfacción por las fiestas nocturnas que celebra la burguesía de la época. Merodea por distintos lugares de Roma, siempre rodeado de todo tipo de personajes, especialmente de la élite de la sociedad italiana. En una de sus salidas se entera de que Sylvia, una célebre diva del mundo del cine, llega a Roma, cree que ésta es una gran oportunidad para conseguir una gran noticia, y, en consecuencia, la perseguirá por las noches por diferentes lugares de la ciudad.

Cartel de La dolce vita. Fuente: Filmaffinity
Fuente: El País
El cine ha producido imágenes fantásticas que atraviesan la realidad. Una de las más significativas es aquella que se produce en esta icónica obra de Fellini, cuando Anita Ekberg se baña a media noche en la Fontana de Trevi seguida por Marcello Mastroianni. Sin embargo, la película de Federico Fellini es algo más que una imagen icónica.
Dividida en episodios narrativos inconexos, La Dolce Vita es el primer largometraje en el que el director se aleja de los estándares estéticos y temáticos que había tomado del Neorrealismo italiano (hecho que le propinó un disgusto con el recientemente fallecido Dino de Laurentiis). El personaje principal, Marcello (Mastroianni), es un periodista que vive el desencanto que dejó el final de la Segunda Guerra Mundial en Roma. La vida nocturna de esta ciudad es una suerte de fiesta perpetua sin sentido.
La aparente incoherencia que hay entre una secuencia y otra obedece al propósito que Fellini tenía de hacer de la cinta “una escultura picassiana [para] despedezarla y recomponerla”. Pero también es una forma de mostrar la carencia de significado de la vida de los protagonistas. El recurso ha sido desarrollado posteriormente por autores como David Lynch o Christoffer Boe para alcanzar objetivos comunes a los de Fellini: reconstruir la realidad, y no reproducirla, a través de la percepción de un personaje dubitativo que se encuentra en distintas dimensiones.

Fotogramas de La dolce vita. Fuente: IMDb
Además de la estampa mencionada en el primer párrafo, existen dos secuencias sobresalientes en este filme. Curiosamente una de ellas inaugura el relato, mientras que la otra se encarga de cerrarlo. En ambas la incomunicación es el tema principal. En la primera Marcello no puede oír debido al ruido que hace un helicóptero que sobrevuela la escultura de un Cristo. En la segunda, una niña sordomuda trata de decirle algo, pero el mensaje no llega; emisor y receptor carecen de un lenguaje común.

Fotogramas de La dolce vita. Fuente: IMDb

Fellini, que recibió de Pasolini consejos para este proyecto, intentó hacer una reflexión en torno al arquetipo del periodista, que había sido abordado desde mucho tiempo antes, sobre todo por el mejor cine hollywoodense de las décadas de los cuarenta y cincuenta, pero fracasó. En su lugar obtuvo algo mejor: una estampa mucho más amplia de la decadencia de la cultura europea; un análisis psicoanalítico de las figuras simbólicas que giran alrededor de su sociedad.
Fotograma de La dolce vita. Fuente: Filmaffinity
Alrededor de las figuras de los dos actores principales, Anita Ekberg y Marcello Mastroianni, se desarrollo un auténtico fenómeno fan. Ambos se convirtieron en sex symbols de la época, levantando pasiones entre el público que acudía a ver su película.

Fotogramas de La dolce vita. Fuente: Filmaffinity




