

Título original: Jagten
Año: 2012
País: Dinamarca
Duración: 111 minutos
Reparto: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larse, Anikka Wdderkopp
Director: Thomas Vinterberg
Guión: Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm
Producción: Znetropa Entertainments4
Fuente: FIlmaffinity
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Tras un divorcio difícil, Lucas, un hombre de cuarenta años, ha encontrado una nueva novia, un nuevo trabajo y trata de reconstruir su relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo empieza a ir mal: un detalle cualquiera, un comentario inocente y una mentira insignificante que se extiende como un virus invisible sembrando el estupor y la desconfianza en una pequeña población...

Cartel de La caza. Fuente: Filmaffinity

Fuente: El País
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Aquel mítico plano de M, el vampiro de Düsseldorf, en el que el asesino de niños es escrutado por el autoproclamado tribunal del pueblo, en realidad por la masa, impresionaba por su fuerza metafórica. El demonio, acosado por otro peligroso demonio. El derecho de la vulgaridad del hombre-masa, que diría Ortega. Como los que acosaban a Spencer Tracy en la cárcel de Furia.
Fotograma de La caza. Fuente: YouTube
Como el tímido profesor de parvulario de La caza, nuevo trabajo del siempre interesante Thomas Vinterberg, que se adentra con lealtad en la teoría del ojo por ojo en torno a la pederastia: desde el principio no juega a que el espectador dude entre si es culpable o inocente; no estamos para juegos, es inocente y la platea lo sabe.
Cierto que si fuera culpable estaríamos hablando de otra película, pero en esta no hay duda. Y ahí entra un problema seguramente irresoluble al que hay que acercarse como siempre: con sumo tacto. Y ese problema es la fina línea que separa la imaginación infantil, su aún poco desarrollado conocimiento y, sobre todo, su incapacidad para expresar hechos y sentimientos que le superan (sobre todo si los mayores los dirigimos en lugar de preguntarles), y el hecho fehaciente de que realmente hay pederastas en todas las sociedades.

Fotograma de La caza. Fuente: IMDb

Salvo en un epílogo más equívoco que complejo, Vinterberg se adentra en el infierno con enorme fuerza narrativa (ya lo había hecho en Celebración), aunque su película funcione mejor, siguiendo la retórica del título, cuando apunta que cuando dispara, cuando no da respuestas que cuando intenta darlas con demasiada explicitud. Por eso, en un cine tan impulsivo como el suyo, el momento supremo se logra en la escena que da pie al equívoco. Esa mirada y ese beso son la pureza de la vida, la pureza del cine.
Fotograma de La caza. Fuente: IMDb
La película cuenta con una genial banda sonora, que utiliza la contraposición para mostrarnos una aparente calma que la imagen no nos transmite. A pesar de ser una maniobra arriesgada, funciona a la perfección, permitiéndose en ocasiones ciertos toques de dramatismo.
