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Título original: Funny Games

Año: 1997

País: Austria

Duración: 101 minutos

Reparto: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stefan Clapczynski, Doris Kunstmann

Director: Michael Haneke

Guión: Michael Haneke

Producción: Wega-Film

Fuente: FIlmaffinity

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Anna, Georg y su hijo Georgie van a pasar las vacaciones a su bonita casa a orillas de un lago. Sus vecinos Fred y Eva han llegado antes que ellos. Las dos parejas quedan para jugar al golf al día siguiente. Mientras padre e hijo preparan el velero, Anna prepara la cena. De repente, Peter, un joven muy educado que se aloja en casa de los vecinos, se presenta para pedir que le presten algunos huevos porque a Eva no le queda ninguno. De repente, Anna se pregunta cómo ha podido entrar en la casa. El joven le explica que Fred le ha enseñado un agujero que hay en la cerca.

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 Cartel de Funny Games Fuente: Filmaffinity

Fuente: Espinof

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La corriente gafapasta, que adora todo lo que hagan los directores Wong Kar-Wai, Lars von Trier, Peter Greenaway, Michelangelo Antonioni o Andrei Tarkovski (por citar algunos), y que no pueden vivir sin decir que 'Oldboy' es una de las mejores películas de la historia, seguramente ya le ha echado el ojo a un cineasta austriaco que a base de provocaciones, escenas duras y un surrealismo que perpetra el esnobismo más irreverente, ya ha salido sobradamente del anonimato. Se trata de Michael Haneke, un hombre que hace lo que hace intentando ser el trangresor por excelencia dentro del cine mundial, y que con varias pinceladas tan bizarras como desagradables fundamenta sus películas en el mayor desconcierto y, para muchos, indignación. En lo que llevamos de década hemos podido ver tres películas suyas, 'El La Pianista', 'Caché' y 'El Tiempo del Lobo', a cual más desgarradora y lenta, que han puesto a Haneke en el ojo del huracán.

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Fotograma de Funny Games. Fuente: Filmaffinity

Yéndonos ya a 'Funny Games', película de 1997 que dio muchísimo que hablar a pesar de su limitada distribución, lo primero que hay que decir es que es una película que implica al espectador hasta límites insospechados. Primeramente, porque uno de los personajes, del que ahora hablaremos, llega a dirigirnos la palabra a través de la pantalla. Nos pregunta, nos intimida, intenta dialogar con nosotros para saber nuestro punto de vista. Teniendo en cuenta el tono general de la película, este detalle, que algunos catalogarán de genial, es como mínimo insultante, ya que en todo momento sabemos que estamos ante una función.

Pero, por supuesto, y como era de esperar, ésta no es ni mucho menos la única excentricidad que se permite Haneke. Cuando a un director se le ríen las gracias continuamente, cuando todo lo que uno hace es aplaudido incondicionalmente, se va por los cerros de Úbeda y se toma la libertad de hacer cosas extrañísimas, carentes de sentido, que sólo sirven como ejercicio masturbatorio subidor de ego de forma automática. Como si nada. Ejemplos importantes los tenemos en 'Inland Empire' de David Lynch o 'Tideland' de Terry Gilliam.

La familia compuesta por Georg (Ulrich Muhe), Anna (Susanne Lothar) y su pequeño hijo es de una burguesía realmente evocadora. Juegan a adivinar piezas de música clásica mientras viajan en su flamante todoterreno a su residencia de verano. Enseguida la tensión se va adivinando en medio de un clima excesivamente plácido, excesivamente calmado. Cuando llegan a la lujosa urbanización donde van a pasar los días, se encuentran con Fred, vecino suyo y hermano de Georg, junto a dos jóvenes huéspedes practicando golf. Mientras se instalan, uno de los jóvenes llama a la puerta de su casa a pedir varios huevos.

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Fotograma de Funny Games. Fuente: Filmaffinity

Al joven, de nombre Peter (Frank Giering) se le caen los huevos en la misma puerta de la casa y reclama otros para atender el recado, se va gestando progresivamente un entorno de presión psicológica, hasta el punto de que la situación desemboca en un secuestro, por parte de los dos jóvenes, de la familia al completo en su propia casa.

Al principio uno cree que está viendo el gran thriller del siglo XX. Es impresionante el pulso narrativo que sabe dar Haneke a algo tan simple como que un joven perturbado atente contra la integridad de una familia en su propia casa, sin que ésta pueda hacer nada, ni comunicarse con el exterior (el joven "casualmente" tira el móvil al fregadero, lleno de agua).

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Por tanto, los primeros veinticinco minutos son de una innegable maestría, a pesar del excesivo uso de los planos fijos, que tanto gustan a Haneke, hasta emplearlos de un modo continuo y desesperante. Pero a partir de ahí, cuando el secuestro y la personalidad malvada de los jóvenes se hace obvia, la película se estanca en un sinfín de situaciones desagradables.Hay varios detalles que hacen que pensemos que 'Funny Games' no sea más que una reflexión sobre la violencia en los medios de de comunicación, sobre el morbo de ver un acto violento y el sufrimiento directo por desagradable que sea.

Fotograma de Funny Games. Fuente: Filmaffinity

En concreto, entre los diálogos tan minuciosamente revelados entre los psicópatas y los padres de familia, encontramos que el padre pregunta por qué lo hacen, y Paul (Arno Frisch), el otro joven, que lleva la batuta de tan macabra situación, explica en tono burlón que Peter es gay, sufrió abusos de pequeños, y todos aquellos aspectos que suelen ser típicos en un psicópata de las películas. Además, Georg pide que los maten sin más, a lo que Paul contesta que entonces se acabaría el entretenimiento. Toda una declaración de intenciones que sin embargo se ahoga en su propia pretenciosidad.

Copyright: 25 Fotogramas/ Fernando Casares Gutiérrez, Paula González Ajo

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